sábado, 17 de mayo de 2014

LA UNIVERSIDAD PÚBLICA EN SU ENCRUCIJADA (tercera de cinco partes)

Conforme avanza la segunda década del siglo XXI, vemos como la universidad pública se resiste a su transformación radical en sus concepciones, modelos educativos y paradigmas para la gestión y gobierno. Sigue coptada en el mar de prácticas institucionales profesionalizantes, verticales y poco proclive a la innovación académica. Se asiste a la simulación como método de trabajo cotidiano.

Reinventar nuevas formas y modelos de gestión educativa y reconstruir nuevos liderazgos, pasa por entender que el aislamiento institucional es uno de los problemas que habrá que resolver de inmediato. Me refiero al hecho de que las instituciones de educación superior se han convertido en organizaciones cerradas, con dificultades para la colaboración y la innovación sustentable, es decir, una ausencia de actividades intencionadas con proyectos desarrollados mediante redes horizontales y en donde la colaboración represente la oportunidad para que nuestros pares, aporten a la generación de conocimiento a partir de la sistematización de sus prácticas académicas.  

Un trabajo en red, de carácter incluyente, con respeto y participación de los cuerpos colegiados, se destaca por su apertura y transparencia, el acceso a la información y el nivel de libertad de los actores participantes. Construir un proyecto mediante una postura que incentive el desarrollo de las ideas y la creatividad para construir, considera como mediación a la gestión en su dimensión de intervención permanente (Rosario, 2007). Este enfoque de gestión directiva se viabiliza con la inteligencia y actitud de los actores para compartir sus hallazgos, resultados e impactos como consecuencia de sus innovaciones. Es una forma de trabajo que rompe con la manera tradicional de entender y comprender la generación de conocimiento desde la institución y de los propios actores.
Uno de los valores para avanzar en esta concepción sobre la gestión se ubica en comprender que la producción académica individual o colectiva es un bien público, que la sociedad ha apoyado mediante los diversos programas estatales y federales, para avanzar en la explicación y solución, en nuestro caso, de las problemáticas educativas, que permita responder a los cuatro grandes problemas y retos de los sistemas educativos de la región iberoamericana: cobertura, equidad, infraestructura y calidad.

¿Cómo avanzar hacia buenas prácticas de gestión? Las nuevas prácticas de gestión para las instituciones de educación superior, llevan necesariamente, la prioridad de generar un proceso de transición, en el que se desestructure el andamiaje institucional correspondiente al estilo de gestión burocrática y empresarial, que se expresa en el privilegio de lo administrativo sobre lo académico, del control materializado en el premio individual que fomenta el aislamiento del sujeto y que se manifiesta en la entrega de emolumentos en especie o en estímulos económicos temporales, en contraposición a un estilo de gestión por convencimiento y valoración de los esfuerzos de los colectivos escolares, del trabajo colegiado, de la problematización sobre los temas o asuntos institucionales. 

Una nueva gestión con liderazgo se caracteriza por reconocer el quehacer institucional de los actores,  comprometidos con el ámbito social donde se ubica la organización escolar en un proceso de autogestión en su dimensión ética y de reconocimiento de los valores sociales de la educación superior. Los actores asumen como tarea cotidiana la investigación de su práctica en el marco del proyecto de intervención permanente institucional. Se mueven en la lógica de proyectos colaborativos, desde los cuerpos y redes de académicos organizados de manera corresponsable en proyectos colegiados e interinstitucionales. Se pasa de una relación entre actores de tipo heterónomo a otro en donde la libertad y la autonomía, la autogestión y las acciones cooperativas, propician ambientes institucionales de apertura y trabajo corresponsable.

Uno de los retos se ubica en construir proyectos que intervengan la realidad socioeducativa, en el que los roles y la actitud de los sujetos hacia la construcción de una escuela abierta e intensamente educadora, determine el punto de quiebre con el paradigma vigente de la gestión sin capacidad educativa.
Lo anterior implica todo un esquema de renovación de los actores de la gestión por lo que serán necesarios programas estratégicos para la formación y reeducación de quienes coordinan proyectos institucionales.
Comprender que el debate en la universidad es inherente a su esencia de ser universidad. Esta sigue siendo una deuda  para la transparencia y la rendición de cuentas.

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